Radar Tecnoic #2026.37
Hola,
Hay semanas en las que la tecnología avanza sobre el papel. Se presenta un estándar, se anuncia un producto que llegará dentro de unos años o se enseña una demostración cuidadosamente controlada.
Esta no ha sido una de esas semanas.
En apenas siete días hemos visto sistemas de inteligencia artificial capaces de hacer más cosas por sí solos, ataques que aprovechan esa misma autonomía, robotaxis autorizados para circular en Madrid, el primer iPhone plegable de Apple y redes que empiezan a preparar el terreno para el 6G.
La sensación común es bastante clara: tecnologías de las que llevamos tiempo hablando están empezando a abandonar la fase de promesa.
El ejemplo más evidente está en la inteligencia artificial.
Con GPT-6 Astra, OpenAI está intentando desplazar el centro de gravedad desde el chatbot hacia el agente. Como hemos analizado al explicar por qué GPT-6 Astra quiere pasar de responder preguntas a completar trabajos enteros, el cambio importante no está únicamente en obtener mejores respuestas. Está en que el modelo pueda abrir aplicaciones, consultar información, utilizar herramientas, modificar documentos o comprobar su propio trabajo durante tareas prolongadas.
Esto cambia bastante la pregunta que deberíamos hacernos sobre la próxima generación de IA. Ya no es solo «¿qué sabe hacer el modelo?», sino «¿qué estamos dispuestos a dejarle hacer?».
Y alrededor de esos modelos también se está reorganizando la industria. NVIDIA ha acordado comprar Hugging Face por unos 12.930 millones de dólares, una operación que colocaría bajo la misma compañía buena parte del hardware que ejecuta la IA y una de las plataformas donde millones de desarrolladores encuentran, comparten y despliegan modelos. La posible integración de Hugging Face dentro del ecosistema NVIDIA muestra que la batalla por la IA también consiste en controlar cada vez más capas de la infraestructura.
Pero dar más autonomía a los sistemas tiene también otra cara.
Google ha documentado operaciones maliciosas en las que agentes de IA ayudaron a preparar ataques y automatizar diferentes fases de una campaña. En uno de los casos analizados, una infraestructura cloud comprometida acabó utilizándose para organizar un robo de credenciales en menos de seis horas. No significa que tengamos ciberdelincuentes completamente autónomos descubriendo vulnerabilidades inéditas sin intervención humana, pero sí que el tiempo disponible para detectar y contener determinados ataques puede reducirse considerablemente.
Y precisamente hoy, 11 de septiembre, determinados fabricantes sujetos al Cyber Resilience Act deben notificar vulnerabilidades explotadas activamente e incidentes graves de seguridad. La primera alerta puede tener que enviarse en un máximo de 24 horas y una comunicación más completa en 72. Las nuevas obligaciones del Reglamento de Ciberresiliencia convierten así la velocidad de reacción en algo más que una buena práctica técnica: empieza a ser también una obligación regulatoria.
La coincidencia con el informe de Google resulta especialmente significativa. Si los atacantes pueden comprimir determinadas operaciones utilizando automatización e IA, empresas, fabricantes y administraciones tampoco pueden permitirse procesos de respuesta que necesiten días para decidir quién debe actuar.
Ese salto desde el software hacia la acción también está ocurriendo literalmente en la calle.
Uber ha conseguido autorización de la DGT para probar en Madrid una flota de 20 robotaxis de nivel 4, operados junto a WeRide y AVOMO. La autorización está inicialmente limitada al norte de la Comunidad de Madrid y los primeros vehículos llevarán personal de seguridad a bordo, así que todavía estamos lejos de poder pedir un coche completamente vacío desde la aplicación. Pero la llegada de estas pruebas de robotaxis a Madrid supone un cambio relevante: la conducción autónoma avanzada deja de ser algo que solo seguimos desde California o China.
Aquí volverá a aparecer una palabra importante: límites.
Un sistema de nivel 4 puede conducir por sí mismo dentro de unas condiciones concretas, pero eso no significa que pueda circular por cualquier carretera, con cualquier tiempo y ante cualquier situación. Lo interesante de las próximas pruebas será precisamente comprobar dónde están esos límites y cómo responde la tecnología cuando la realidad no se parece a una demostración.
Apple también ha convertido esta semana un rumor de años en un producto real.
El iPhone Duo es finalmente su primer teléfono plegable. Cerrado tiene una pantalla de 5,4 pulgadas y abierto alcanza las 7,6; incorpora el A20 Pro, una versión de iOS 27 preparada para utilizar dos aplicaciones simultáneamente y llegará a España desde 2.339 euros. Más que la bisagra, lo interesante del iPhone Duo será comprobar si Apple consigue que el formato plegable resulte realmente útil y no simplemente espectacular durante los primeros minutos.
Porque esa sigue siendo la gran cuestión de los plegables. La industria ya ha demostrado que puede doblar una pantalla. Ahora necesita demostrar que merece la pena hacerlo todos los días.
Mientras miramos nuevos dispositivos, por debajo continúa preparándose la infraestructura que tendrán que utilizar.
MasOrange y Ericsson han probado en España la banda de 6 GHz como candidata a convertirse en una pieza importante de las futuras redes 6G. El ensayo todavía no significa que exista 6G comercial, pero ayuda a responder una pregunta esencial: cómo aumentar mucho la capacidad de las redes móviles sin depender únicamente de frecuencias milimétricas con un alcance mucho menor.
Y curiosamente esos mismos 6 GHz son también parte de otra evolución que hemos visto esta semana. TP-Link ha presentado sus primeros routers Wi-Fi 8, adelantándose incluso a la aprobación definitiva del estándar IEEE 802.11bn. Aquí la promesa no consiste tanto en perseguir otro número enorme en un test de velocidad, sino en hacer que la conexión sea más estable cuando hay interferencias, distancia o muchos dispositivos simultáneos.
Incluso Windows está intentando trasladar nuevas reglas al propio sistema operativo. Microsoft prepara unas API capaces de comunicar a las aplicaciones una franja de edad en lugar de entregar directamente la fecha de nacimiento. La idea intenta equilibrar protección de menores y minimización de datos, aunque su utilidad dependerá finalmente de qué hagan las aplicaciones con esa información y de cómo se gestione su verificación.
Al juntar todas estas noticias aparece una imagen bastante coherente de la semana.
La IA empieza a ejecutar tareas. Los coches empiezan a conducir. Los dispositivos cambian de formato. Las redes se preparan para soportar más capacidad. Y la regulación empieza a establecer qué ocurre cuando toda esa autonomía falla, se utiliza mal o necesita límites.
La innovación no está desapareciendo del laboratorio.
Simplemente está empezando a encontrarse con el mundo real.
Nos leemos el próximo viernes.