La IA está encareciendo la memoria RAM y los SSD: así afecta a móviles y ordenadores
La carrera por desplegar inteligencia artificial ya tiene una consecuencia fuera de los centros de datos: la memoria se ha convertido en un recurso estratégico. Los fabricantes destinan más capacidad a productos para servidores, mientras la DRAM y la NAND utilizadas en móviles, portátiles y SSD se encarecen. El efecto no se limita al precio de un módulo de RAM. También puede traducirse en teléfonos con menos almacenamiento, ordenadores más caros y gamas económicas menos competitivas. La crisis de memoria de 2026 demuestra que la IA no solo consume GPU y electricidad: también reorganiza la cadena de suministro del silicio.
HBM, DRAM y NAND: tres memorias distintas bajo la misma presión
Conviene separar conceptos. La DRAM es la memoria de trabajo que encontramos como DDR5 en un ordenador o LPDDR en un móvil. La NAND es la tecnología usada para almacenar datos en SSD y memorias internas. La HBM, o memoria de alto ancho de banda, se instala junto a aceleradores de IA y permite mover enormes cantidades de datos con rapidez.
No son productos intercambiables, pero comparten fabricantes, inversiones, obleas, plantas y procesos de encapsulado. Samsung, SK Hynix y Micron deben decidir dónde concentran su capacidad. La infraestructura de IA ofrece pedidos enormes, contratos largos y márgenes atractivos, por lo que gana prioridad frente a componentes de consumo.
Según IDC, parte de la capacidad se ha desplazado desde la memoria convencional hacia HBM y DDR5 de alta capacidad para servidores. La escasez no nace porque un teléfono use HBM, sino porque ambos mercados compiten por recursos industriales limitados.
Los centros de datos absorben memoria a una escala inédita
Un servidor de inteligencia artificial necesita mucha más memoria que un ordenador doméstico. Cada acelerador incorpora varias pilas de HBM y trabaja dentro de sistemas acompañados por grandes cantidades de DRAM y almacenamiento empresarial. Cuando los grandes operadores compran miles de servidores, la demanda crece de golpe y con una concentración difícil de absorber.
TrendForce estimó para el segundo trimestre de 2026 subidas trimestrales del 58 al 63 % en los contratos de DRAM convencional y del 70 al 75 % en NAND Flash. La consultora señaló además que los proveedores seguían reasignando capacidad hacia HBM, servidores y SSD empresariales.
Este movimiento conecta con un problema más amplio que ya analizamos en Tecnoic: Europa quiere triplicar sus centros de datos para IA. Esa expansión requiere GPU, red, electricidad y refrigeración, pero también cantidades crecientes de memoria. El cuello de botella ya no está en un único chip, sino en toda la plataforma.
Los móviles baratos y de gama media son los más expuestos
La memoria representa una parte relevante del coste de fabricar un smartphone. IDC calcula que puede suponer entre el 15 y el 20 % de los materiales de un modelo de gama media. Cuando suben simultáneamente la RAM y el almacenamiento, el fabricante dispone de pocas salidas: aumentar el precio, reducir capacidad, utilizar componentes más lentos o asumir un margen menor.
Las marcas premium pueden negociar contratos, reservar suministro y repartir el incremento entre dispositivos caros. En la gama de entrada, donde cada euro condiciona la compra, ese margen apenas existe. Por eso pueden desaparecer algunas configuraciones económicas o mantenerse precios conocidos con especificaciones menos generosas.
La presión ya está afectando al mercado. Reuters informó de que los envíos mundiales del segundo trimestre cayeron a su nivel más bajo en trece años, mientras los fabricantes trasladaban mayores costes especialmente a modelos básicos y de gama media. No significa que todos los móviles vayan a subir igual, pero sí que la relación precio-capacidad empeora.
Portátiles, PC montados y SSD tampoco quedan al margen
En un ordenador, la subida llega por varias vías. Afecta a los módulos DDR5, a la memoria soldada de muchos portátiles, a la VRAM de las tarjetas gráficas y a los SSD. Un fabricante puede conservar el precio de catálogo y vender más equipos con 16 GB en lugar de 32 GB, reducir la capacidad del SSD o reservar las configuraciones superiores para gamas más caras.
El consumidor que monta su propio PC ve el cambio de forma más directa. La RAM y el almacenamiento se compran por separado, de modo que las oscilaciones llegan antes al escaparate. También aparecen diferencias entre tiendas y kits conforme se agotan inventarios adquiridos a precios anteriores.
La situación resulta especialmente incómoda para el llamado PC con IA. Ejecutar modelos localmente necesita procesador, NPU y suficiente memoria compartida. En Tecnoic ya vimos que el PC con IA local necesita bastante más que una NPU. Precisamente cuando el software empieza a pedir más RAM, el hardware que debe proporcionarla se encarece.
Comprar ahora o esperar: qué debería mirar el usuario
No recomendaría comprar un dispositivo únicamente por miedo a una subida. La memoria es un mercado cíclico y las previsiones pueden cambiar si cae la demanda, aumenta la producción o los fabricantes ajustan sus planes. Sí conviene evitar dos errores: pagar un precio desproporcionado por urgencia o aceptar una configuración insuficiente para ahorrar poco.
En un portátil no ampliable, 16 GB deberían considerarse el mínimo razonable para uso general exigente, mientras que 32 GB aportan más margen para desarrollo, edición, virtualización e IA local. En móviles, resulta más útil vigilar el almacenamiento real disponible y el soporte de actualizaciones que perseguir cifras extremas de RAM.
También merece la pena comparar el precio por capacidad, no solo el modelo. Un equipo rebajado con 512 GB puede ser mejor compra que una novedad con 256 GB al mismo precio. Y en un PC de sobremesa, mantener libres ranuras de memoria facilita ampliar después sin sustituir todo el kit. La escasez premia la planificación más que la compra impulsiva.
Conclusión
La inteligencia artificial está desplazando inversión y capacidad industrial hacia la memoria para servidores. Ese cambio ya alcanza a móviles, ordenadores y SSD mediante precios más altos, configuraciones recortadas y menor oferta en las gamas económicas. No estamos ante una desaparición de la memoria de consumo, sino ante una competencia por recursos que favorece al cliente más rentable: el centro de datos. La cuestión es cuánto durará este desequilibrio y qué recortes aceptarán los compradores. ¿Has notado ya subidas de precio o peores configuraciones al buscar tu próximo dispositivo?