A veces, invertimos presupuestos faraónicos en asegurar el perímetro de nuestras redes, pero dejamos la puerta principal completamente abierta. Esa puerta es la capa de aplicación.
Hoy en día, los atacantes ya no necesitan lanzar complejas ofensivas contra la infraestructura subyacente si pueden, simplemente, engañar a una interfaz de usuario