IRIS² avanza: así será la red de satélites con la que Europa quiere reducir su dependencia de Starlink
Europa acaba de superar uno de los hitos técnicos y económicos más importantes de IRIS², su futura infraestructura soberana de comunicaciones por satélite. SES confirmó el 7 de agosto la finalización de Rendez-vous 1, una revisión que valida costes, requisitos técnicos, calendario y arquitectura del segmento en órbita media. No significa que los satélites estén a punto de despegar, pero sí que el proyecto entra en una fase bastante más tangible. La Unión Europea pretende tener el sistema operativo en 2030, con 290 satélites y una combinación de órbitas LEO y MEO. La comparación con Starlink es inevitable, aunque IRIS² persigue algo bastante diferente.
IRIS² supera una revisión clave antes de comenzar el despliegue
El último avance se llama Rendez-vous 1 o RDV1. Desde que la Comisión Europea firmó la concesión con el consorcio SpaceRISE en diciembre de 2024, las partes han estado revisando cuánto costará realmente el sistema, qué prestaciones deberá ofrecer, cómo se repartirá el trabajo industrial y si el calendario es viable.
Según SES, superar RDV1 establece una base validada para avanzar hacia la implementación. La compañía mantiene el objetivo de desplegar 18 satélites MEO y comenzar los servicios en 2030. Su compromiso de capital para esta parte del proyecto queda ahora situado en hasta 1.350 millones de euros.
Ese detalle importa. IRIS² lleva años apareciendo en estrategias europeas, pero una constelación no se construye con declaraciones políticas: necesita satélites, terminales, estaciones terrestres, centros de control, espectro, lanzamientos y una arquitectura de seguridad completa. RDV1 sirve precisamente para convertir el diseño inicial en un programa industrial ejecutable.
290 satélites en LEO y MEO: por qué Europa combina dos órbitas
La arquitectura de IRIS² es uno de sus elementos más interesantes. La Comisión Europea plantea una constelación multiórbita de 290 satélites que combinará órbita terrestre baja (LEO) y órbita terrestre media (MEO).
Los satélites LEO vuelan relativamente cerca de la Tierra. Esa proximidad permite reducir la latencia, pero obliga a utilizar constelaciones numerosas porque cada satélite cubre una zona menor y se desplaza rápidamente respecto al usuario. Es el planteamiento que ha popularizado Starlink.
MEO juega otra partida. Al operar a mayor altitud, un satélite puede cubrir áreas más extensas y permanecer visible durante más tiempo. A cambio, la distancia aumenta respecto a LEO. Combinar ambas capas permite distribuir tráfico y servicios según las necesidades de cobertura, capacidad, latencia o resiliencia.
SES tendrá un papel especialmente relevante en MEO: además de los 18 satélites previstos, diseñará sus cargas útiles y realizará ensamblaje, integración y pruebas en Luxemburgo. También liderará el desarrollo de terminales de usuario y parte de las operaciones LEO/MEO.
IRIS² no será simplemente el «Starlink europeo»
Definir IRIS² como la respuesta europea a Starlink ayuda a explicar el proyecto, pero también puede llevar a una conclusión equivocada. La prioridad de la UE no es construir cuanto antes un servicio residencial para competir por la antena del tejado.
IRIS² nace fundamentalmente como infraestructura estratégica. La Comisión contempla comunicaciones cifradas para instituciones europeas, administraciones, ministerios y embajadas, conectividad para infraestructuras esenciales, respuesta ante crisis y cobertura en zonas donde las redes terrestres no resulten suficientes. Al mismo tiempo, la capacidad podrá utilizarse para servicios comerciales.
Ahí aparece una diferencia importante frente al modelo que ha hecho conocida a Starlink: Europa busca controlar una infraestructura crítica y reducir dependencias externas en comunicaciones sensibles. Eso no impide competir comercialmente. SES calcula que aproximadamente el 90 % de su capacidad MEO podrá explotarse comercialmente en mercados como movilidad, empresas, administraciones y conectividad cloud.
Y Starlink ya no es el único rival: en Tecnoic hemos analizado también cómo Amazon está acelerando su propia estrategia de conectividad satelital.
España tiene un papel directo a través de Hispasat
IRIS² tampoco es un proyecto ajeno a la industria española. SpaceRISE está formado por SES, Eutelsat e Hispasat, junto con un ecosistema industrial en el que aparecen compañías como Airbus, Thales Alenia Space, OHB, Telespazio, Orange, Deutsche Telekom o Hisdesat.
El papel de Hispasat es especialmente relevante. Cuando se firmó la concesión, la compañía explicó que sería responsable de diseñar, desarrollar e implementar el segmento terreno gubernamental de IRIS² y que lideraría la capa Low LEO. Hispasat cifró entonces su posible inversión en hasta 600 millones de euros, condicionada al diseño definitivo.
La dimensión económica también deja claro que no estamos ante un experimento menor. El acuerdo contemplaba 6.500 millones de euros de financiación pública y más de 4.000 millones de inversión privada.
Para España, participar en el segmento terrestre, las comunicaciones gubernamentales y las nuevas capas orbitales significa entrar en una infraestructura que puede condicionar durante años la evolución de las comunicaciones seguras europeas.
El verdadero reto será llegar a 2030 sin quedarse atrás
Sobre el papel, IRIS² tiene sentido técnico y estratégico. El problema es el calendario. Los servicios operativos están previstos para 2030 y, mientras tanto, Starlink y otros operadores continúan desplegando capacidad, mejorando terminales e integrándose con redes móviles y servicios empresariales.
Europa no necesita necesariamente ganar esa carrera en número de satélites. Necesita que IRIS² sea interoperable, seguro, económicamente sostenible y suficientemente competitivo cuando entre en servicio. También tendrá que conseguir que los terminales sean asequibles y que el segmento terrestre esté preparado para convertir una constelación compleja en servicios utilizables.
La finalización de RDV1 reduce parte de la incertidumbre, pero todavía quedan desarrollo, fabricación, integración, lanzamientos y validaciones. Es justo ahora cuando el proyecto empieza a enfrentarse a la parte difícil: ejecutar a escala industrial. SES mantiene por el momento el inicio de las operaciones en 2030.
Conclusión
IRIS² no va a destronar a Starlink de un día para otro, ni parece diseñado únicamente para intentarlo. Su objetivo más relevante es que Europa disponga de comunicaciones satelitales seguras cuya infraestructura crítica no dependa por completo de operadores externos.
El avance anunciado por SES acerca esa idea a la realidad, pero 2030 sigue estando lejos en un sector que cambia cada pocos meses. La cuestión es si Europa llegará con una alternativa competitiva o volverá a entrar tarde en una tecnología estratégica. ¿Crees que IRIS² puede cerrar esa distancia?