Europa quiere una nube más europea: por qué reducir la dependencia de AWS y Azure será difícil
Europa ha decidido que depender de tecnología extranjera para buena parte de su infraestructura digital se ha convertido en un riesgo estratégico. Y la nube está en el centro del debate. La Comisión Europea ha dado varios pasos durante 2026 para reforzar la denominada soberanía tecnológica, desde nuevas reglas para contratar servicios cloud hasta una posible aplicación de la Ley de Mercados Digitales a AWS y Microsoft Azure. El objetivo no parece ser expulsar a los gigantes estadounidenses, sino evitar que servicios públicos, empresas e infraestructuras críticas dependan completamente de ellos. El problema es que Europa lleva años construyendo sus sistemas sobre AWS, Azure y Google Cloud. Deshacer esa dependencia será bastante más complicado que aprobar una regulación.
Europa convierte la soberanía cloud en política industrial
La Comisión Europea define la soberanía tecnológica como la capacidad de Europa para controlar tecnologías, datos e infraestructuras esenciales y reducir dependencias de proveedores externos. En junio presentó su Paquete Europeo de Soberanía Tecnológica, que incluye semiconductores, inteligencia artificial, código abierto y, especialmente, computación en la nube.
Una de sus piezas principales es la propuesta de Cloud and AI Development Act, conocida como CADA. La Comisión pretende, entre otras cosas, establecer un marco común europeo para evaluar la soberanía de los servicios cloud y de inteligencia artificial.
No se trata únicamente de preguntarse dónde están físicamente los servidores. Europa quiere analizar también quién controla la infraestructura, qué legislación puede afectar al proveedor, qué dependencias existen en la cadena tecnológica o hasta qué punto sería posible trasladar las cargas de trabajo.
Ese cambio de enfoque es importante: almacenar los datos en Frankfurt, Madrid o París no convierte automáticamente un servicio en soberano.
AWS y Azure están también bajo la lupa del Digital Markets Act
La presión regulatoria tiene otro frente. En junio de 2026, la Comisión Europea comunicó su posición preliminar de que AWS y Microsoft Azure deberían ser considerados gatekeepers bajo el Digital Markets Act.
Resulta especialmente significativo porque sus servicios cloud no alcanzan necesariamente los umbrales cuantitativos habituales del DMA. La Comisión considera, sin embargo, que AWS y Azure ocupan una posición suficientemente relevante como puerta de acceso entre empresas y clientes europeos.
También señala dos problemas conocidos por cualquiera que haya trabajado con arquitecturas cloud: el vendor lock-in y los elevados costes de migración.
Una aplicación puede comenzar utilizando una máquina virtual relativamente estándar y terminar dependiendo de bases de datos gestionadas, sistemas de identidad, almacenamiento, herramientas serverless, observabilidad, inteligencia artificial y decenas de API específicas del proveedor.
Cuanto más se aprovecha el ecosistema de un hyperscaler, más eficiente puede resultar la plataforma. Pero también resulta más difícil abandonarla.
Una nube soberana no significa simplemente guardar los datos en Europa
Aquí aparece uno de los principales malentendidos alrededor del concepto de soberanía cloud. Tener una región de AWS, Azure o Google Cloud dentro de la Unión Europea permite cumplir determinados requisitos de residencia del dato, pero la soberanía tecnológica plantea cuestiones adicionales.
La Comisión ha desarrollado un Cloud Sovereignty Framework que evalúa ocho dimensiones. Incluye aspectos estratégicos, jurídicos y operativos, pero también la cadena de suministro, la tecnología, la seguridad o la sostenibilidad.
La pregunta deja de ser únicamente «¿dónde están mis datos?» y pasa a ser «¿quién puede controlar todo el sistema?».
Esto resulta especialmente relevante para administraciones públicas, sanidad, defensa, energía o telecomunicaciones. Una infraestructura puede estar alojada físicamente dentro de la UE y seguir dependiendo de software, actualizaciones, personal especializado o decisiones corporativas procedentes de otro país.
La soberanía, por tanto, se parece más a una escala que a una etiqueta que pueda colocarse sobre un centro de datos.
Europa ya está gastando dinero en proveedores cloud soberanos
La estrategia ha empezado a trasladarse a contratos reales. En abril, la Comisión Europea adjudicó un contrato de hasta 180 millones de euros durante seis años para que instituciones y organismos europeos puedan contratar servicios de nube soberana.
Entre los adjudicatarios aparecen proveedores europeos como STACKIT, Scaleway y consorcios en los que participan compañías como OVHcloud, Proximus o Clever Cloud.
Es una señal interesante porque la contratación pública puede convertirse en una herramienta de política tecnológica. Si las administraciones europeas generan demanda suficiente, pueden ayudar a crear escala para proveedores locales que actualmente compiten contra empresas con infraestructuras globales gigantescas.
Pero existe una tensión evidente.
Los hyperscalers estadounidenses ofrecen catálogos enormes, ecosistemas maduros, presencia internacional y servicios avanzados de datos e inteligencia artificial. Exigir soberanía sin valorar capacidades, costes e interoperabilidad podría terminar generando infraestructuras más caras o técnicamente inferiores.
El desafío consiste en reducir dependencias sin renunciar a la innovación.
Migrar fuera de un hyperscaler puede convertirse en un proyecto enorme
Sobre el papel, una estrategia multicloud parece sencilla: distribuir servicios entre varios proveedores y evitar depender demasiado de ninguno. En la práctica, hacerlo bien puede incrementar considerablemente la complejidad.
Kubernetes, contenedores, PostgreSQL, Terraform y otras tecnologías abiertas facilitan cierta portabilidad. Pero las aplicaciones modernas utilizan cada vez más servicios gestionados específicos de cada plataforma. Migrar cientos de aplicaciones empresariales puede exigir modificar arquitectura, redes, identidad, seguridad, bases de datos, monitorización y procesos operativos.
Por eso creo que el objetivo razonable para Europa no debería ser sustituir AWS, Azure y Google Cloud de forma indiscriminada.
Tiene más sentido identificar qué sistemas requieren verdadera soberanía, establecer estándares que reduzcan el bloqueo tecnológico y mantener alternativas europeas capaces de asumir cargas críticas.
La propia estrategia europea sobre cloud apunta además a aumentar la capacidad disponible: la propuesta CADA pretende al menos triplicar la capacidad de centros de datos de la UE durante los próximos cinco a siete años.
La inteligencia artificial hará todavía más urgente disponer de esa infraestructura.
Conclusión
Europa ha pasado de hablar de soberanía digital a intentar convertirla en arquitectura, regulación y contratación pública. Pero recuperar autonomía tecnológica llevará años. AWS, Azure y Google Cloud no dominan únicamente por tener centros de datos: alrededor de ellos existen herramientas, profesionales, aplicaciones y ecosistemas enteros.
La cuestión interesante no es si Europa debe abandonar los hyperscalers estadounidenses, sino cuánto puede permitirse depender de ellos. Y ahí probablemente no exista una única respuesta. ¿Crees que las administraciones deberían priorizar proveedores europeos aunque resulte más caro?