Computación distribuida y servicios cloud: IaaS, PaaS, SaaS y tipos de nube

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Computación distribuida y servicios cloud: IaaS, PaaS, SaaS y tipos de nube
Imagen generada con IA

La computación distribuida permite repartir procesamiento, almacenamiento y servicios entre varios equipos conectados mediante una red. Sobre estos principios se construyen buena parte de las arquitecturas modernas, desde clústeres y sistemas peer-to-peer hasta plataformas de cloud computing.

La nube añade una capa de abstracción y automatización que permite consumir infraestructura, plataformas y aplicaciones como servicios bajo demanda. Para entenderla conviene distinguir dos conceptos diferentes: los modelos de servicio IaaS, PaaS y SaaS, que determinan qué gestiona el proveedor y qué controla el cliente, y los modelos de despliegue, como nube pública, privada e híbrida.

Qué es la computación distribuida

Un sistema distribuido está formado por varios nodos independientes que colaboran para proporcionar un servicio común. Estos nodos intercambian información mediante una red y pueden ejecutar tareas en paralelo, almacenar réplicas de datos o repartirse las peticiones de los usuarios.

Esta arquitectura introduce ventajas como escalabilidad, tolerancia a fallos y capacidad para distribuir cargas, pero también problemas técnicos propios: latencia de red, sincronización, consistencia de datos, concurrencia y fallos parciales.

Existen distintos paradigmas de computación distribuida. El modelo cliente-servidor concentra determinados servicios en servidores que atienden peticiones; los clústeres agrupan varios equipos para trabajar coordinadamente; las arquitecturas peer-to-peer (P2P) permiten que los nodos asuman funciones similares; y la computación en el borde o edge computing desplaza parte del procesamiento hacia ubicaciones próximas a donde se generan los datos.

La nube puede considerarse una evolución industrializada de muchos de estos conceptos.

Qué caracteriza al cloud computing

El cloud computing permite acceder a recursos informáticos a través de la red sin tener que conocer ni administrar necesariamente la infraestructura física que los proporciona.

La definición de cloud computing del NIST establece cinco características fundamentales: autoservicio bajo demanda, acceso amplio mediante red, agrupación de recursos, elasticidad rápida y servicio medido.

Esto significa, por ejemplo, que una organización puede crear una máquina virtual en minutos, ampliar automáticamente su capacidad cuando aumenta la demanda y pagar en función de los recursos utilizados.

La nube se apoya en tecnologías como virtualización, contenedores, automatización, APIs, redes definidas por software y sistemas de almacenamiento distribuido. El usuario trabaja con recursos lógicos mientras el proveedor gestiona la infraestructura física subyacente.

Conviene diferenciar además entre modelo de servicio, que determina qué capa tecnológica se consume, y modelo de despliegue, que describe cómo se organiza la infraestructura cloud.

IaaS: infraestructura como servicio

IaaS (Infrastructure as a Service) proporciona los componentes básicos de una infraestructura informática: capacidad de procesamiento, máquinas virtuales, almacenamiento y redes.

El proveedor se encarga del centro de datos, los servidores físicos, la conectividad y normalmente la capa de virtualización. El cliente mantiene un grado elevado de control sobre los sistemas operativos, aplicaciones, middleware, configuraciones y datos.

Es, por tanto, el modelo cloud que más se aproxima a administrar servidores tradicionales, aunque elimina la necesidad de comprar y mantener físicamente el hardware.

IaaS resulta especialmente útil para migrar aplicaciones existentes, construir entornos personalizados o aumentar capacidad sin ampliar un centro de datos propio. A cambio, requiere más trabajo de administración que otros modelos cloud.

Si quieres ampliar este concepto, en este artículo de Tecnoic tienes disponible una guía específica sobre IaaS, PaaS, SaaS y tipos de nube.

PaaS: plataforma como servicio

PaaS (Platform as a Service) añade una capa de abstracción sobre la infraestructura. El proveedor no solo administra servidores, redes y almacenamiento, sino también buena parte del entorno necesario para ejecutar aplicaciones.

El desarrollador puede concentrarse principalmente en el código, los datos y la configuración de la aplicación, sin gestionar directamente servidores o sistemas operativos.

Las plataformas PaaS pueden incluir entornos de ejecución, bases de datos gestionadas, herramientas de despliegue, sistemas de escalado automático y servicios de integración.

Su principal ventaja es reducir la carga operativa y acelerar el desarrollo. Sin embargo, utilizar servicios muy específicos de una plataforma puede dificultar posteriormente la migración hacia otro proveedor, un problema conocido como vendor lock-in o dependencia tecnológica del proveedor.

La frontera entre IaaS y PaaS no siempre es absoluta: muchos proveedores combinan servicios pertenecientes a ambos modelos.

SaaS: software como servicio

SaaS (Software as a Service) representa el nivel de abstracción más alto de los tres modelos clásicos. El usuario utiliza directamente una aplicación proporcionada y operada por un tercero.

Normalmente se accede mediante navegador web, aplicación móvil, cliente de escritorio o API. El proveedor administra la infraestructura, el sistema operativo, la plataforma y la propia aplicación.

Servicios de correo electrónico, almacenamiento colaborativo, herramientas ofimáticas o aplicaciones empresariales son ejemplos habituales de SaaS.

Esto reduce notablemente las tareas de mantenimiento para el cliente, aunque no elimina sus responsabilidades. La organización sigue teniendo que gestionar aspectos como cuentas de usuario, permisos, configuración, clasificación de la información, copias de datos cuando proceda y cumplimiento normativo.

Por tanto, contratar SaaS no significa transferir automáticamente toda la responsabilidad sobre seguridad y protección de la información al proveedor.

Nube pública, privada e híbrida

Una nube pública ofrece recursos cloud a múltiples clientes mediante infraestructura gestionada por un proveedor. Aunque diferentes organizaciones utilicen la misma plataforma física, sus recursos permanecen aislados mediante mecanismos de virtualización y seguridad.

Una nube privada está destinada exclusivamente a una organización. Puede desplegarse en sus propias instalaciones o ser operada por un tercero. Proporciona mayor capacidad de personalización y control, aunque normalmente exige más recursos de gestión.

La nube híbrida combina infraestructuras diferenciadas, habitualmente nube privada y nube pública, conectándolas para intercambiar datos, aplicaciones o cargas de trabajo. No consiste simplemente en contratar ambos entornos: debe existir algún grado de integración entre ellos.

La clasificación clásica del NIST contempla además la nube comunitaria, destinada a organizaciones que comparten determinados requisitos o intereses.

Seguridad, costes y elección del modelo

No existe un modelo cloud adecuado para todas las organizaciones. La elección depende de requisitos técnicos, económicos y regulatorios.

IaaS proporciona más control, pero también implica más administración. PaaS reduce las tareas operativas y SaaS simplifica todavía más la explotación, aunque aumenta la dependencia del proveedor.

También deben analizarse el coste total, la portabilidad, la localización de los datos, la latencia, la disponibilidad, las estrategias de copia de seguridad y la posibilidad de recuperar los sistemas ante una interrupción.

En el sector público español, además, resulta especialmente relevante el Esquema Nacional de Seguridad regulado por el Real Decreto 311/2022, que establece requisitos específicos para proteger los sistemas y servicios utilizados por las Administraciones Públicas, incluidos los servicios cloud.

Conclusión

La computación distribuida proporciona los fundamentos técnicos para repartir procesamiento y datos entre múltiples sistemas, mientras que el cloud convierte esos recursos en servicios elásticos y consumibles bajo demanda.

IaaS ofrece infraestructura, PaaS proporciona una plataforma y SaaS entrega directamente aplicaciones. Por su parte, las nubes públicas, privadas e híbridas describen cómo se organiza esa infraestructura. La elección correcta depende del equilibrio necesario entre control, coste, flexibilidad, seguridad y capacidad operativa.

¿En qué escenarios crees que una arquitectura híbrida tiene más sentido que migrar completamente a una nube pública?

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