2019: Vodafone España marca un hito al encender la primera red comercial de telefonía móvil 5G en 15 ciudades españolas
A mediados de junio de 2019 se formó un revuelo en el sector telco español. Llevábamos años hablando de especificaciones en papel, del Release 15 del 3GPP, de latencias teóricas ultrabajas y de anchos de banda masivos. Todo sonaba estupendo, pero seguían siendo promesas de laboratorio o pilotos muy controlados.
Hasta que se dio el primer paso firme. El 15 de junio de aquel año, España entró de lleno en el mapa mundial de la nueva generación móvil cuando Vodafone decidió encender la primera red comercial 5G simultáneamente en quince de nuestras principales ciudades.
No fue un despliegue puro ni exento de compromisos. De hecho, estábamos ante una arquitectura Non-Standalone (NSA) que se apoyaba fuertemente en la infraestructura 4G existente como anclaje, operando sobre la banda de frecuencias contiguas de 3,5 GHz. Sin embargo, marcó un punto de inflexión real. Pasar del PowerPoint a la calle implicaba enfrentarse a retos operativos tangibles: optimización del espectro recién asignado, escasez inicial de terminales compatibles y la siempre compleja actualización de los equipos de radio. Hoy quiero que hablemos de cómo se gestó este hito pionero y qué base tecnológica permitió que ese verano cambiara las reglas de juego de las telecomunicaciones en nuestro país.
Arquitectura Non-Standalone (NSA)
Para entender este encendido, tenemos que entender que desplegar 5G desde cero exigía un tiempo y una inversión inicial de la que la industria no disponía si quería capitalizar el momento. La solución técnica fue brillante desde un punto de vista pragmático: optar por la arquitectura 5G NSA (Non-Standalone), definida en el Release 15 del 3GPP.
En concreto, la red se levantó sobre la opción conocida técnicamente como Option 3x. ¿Qué significaba esto en la práctica? Básicamente, separar la señalización de los datos. El núcleo de red (Core) seguía siendo el EPC (Evolved Packet Core) del 4G. Todo el plano de control, la autenticación de los usuarios y la gestión de la movilidad se apoyaban en la robusta infraestructura LTE existente. Sin embargo, el plano de usuario (los datos puros y duros) aprovechaba la nueva interfaz de radio 5G NR (New Radio).
Mediante una técnica de conectividad dual (EN-DC), el smartphone se enlazaba simultáneamente a la estación base 4G (eNB) y a la nueva antena 5G (gNB). Era una maniobra de transición perfecta: garantizaba la estabilidad del servicio usando una red madura, mientras inyectaba una capacidad de transmisión inédita en las zonas con cobertura de nueva generación.
90 MHz de espectro contiguos
Una red inalámbrica es tan buena como el espectro sobre el que opera. Aquí es donde la operadora jugó su mejor carta estratégica. En la subasta de 2018, Vodafone se había hecho con 90 MHz de espectro contiguo en la banda pionera de 3,5 GHz (el rango que va de 3,4 a 3,8 GHz).
Disponer de un bloque continuo tan amplio es el escenario ideal para cualquier diseño de radio. Permite exprimir al máximo las modulaciones de orden superior y multiplicar la eficiencia espectral sin tener que recurrir a la complejidad técnica de agregar múltiples portadoras dispersas.
Sobre estas frecuencias, el despliegue físico inicial en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla se apoyó en suministradores clave como Huawei y Ericsson. La actualización de la red de acceso de radio (RAN) exigió instalar antenas Massive MIMO 64T64R (64 transmisores y 64 receptores). Estos paneles activos incorporaban Beamforming, una tecnología capaz de dirigir el haz de señal directamente hacia los dispositivos conectados en lugar de radiar energía en todas direcciones como un faro tradicional, reduciendo interferencias y mejorando radicalmente la cobertura en el borde de la celda.
Rendimiento real vs. Promesas de marketing
Si analizamos los números que podíamos medir en la calle aquel verano, el salto cuantitativo era innegable, aunque con matices técnicos importantes que a veces se perdían en las notas de prensa.
- Velocidad de descarga (Downlink): Las velocidades iniciales reales rondaban 1 Gbps en condiciones óptimas de visibilidad con la antena, con picos que rozarían los 2 Gbps en despliegues posteriores. Descargar un archivo pesado pasaba a ser cuestión de segundos.
- Latencia: Aquí debemos ser rigurosos. El marketing masivo prometía latencias de 1 milisegundo. No obstante, al operar sobre un núcleo 4G (NSA), los retardos reales se quedaron en una horquilla de 10 a 20 milisegundos. Era una mejora drástica frente a los 40-50 ms del LTE estándar, pero aún estábamos lejos del límite físico ultrabajo que traería el 5G SA (Standalone) un par de años después.
- Densidad de conexiones: La capacidad de la red para gestionar miles de dispositivos por kilómetro cuadrado se disparó, aliviando la congestión crónica que sufrían los nodos 4G en zonas urbanas densamente pobladas o durante eventos masivos.
La base física estaba lista, instalada en los tejados y transmitiendo. El reto se había superado con nota, pero encender las antenas era solo una pieza del rompecabezas operativo al que nos enfrentábamos en 2019.
Siete años después de aquel verano de 2019, el mapa de las telecomunicaciones en nuestro país ha dado un giro de 180º. Aquella operadora pionera que asumió el riesgo operativo de ser la primera en encender el 5G NSA vive hoy una realidad corporativa muy distinta.
La adquisición de Vodafone España por el fondo Zegona en 2024 marcó el inicio de otra etapa. Atrás quedaron las carreras por el prestigio del despliegue tecnológico puro; la hoja de ruta actual de la compañía se centra en la eficiencia operativa, el ajuste de costes y la firma de alianzas estratégicas de compartición de redes.
Aun así, la historia tecnológica es inamovible y el mérito de aquel hito sigue intacto. Aquellas primeras quince ciudades actuaron como el banco de pruebas masivo que toda la industria necesitaba. Rompieron la inercia del sector, forzaron a la competencia a adelantar sus calendarios de inversión y sentaron las bases físicas de una red que hoy, ya en plena transición hacia el núcleo Standalone puro, soporta nuestro consumo de datos diario.
Me interesa mucho conocer vuestra perspectiva, tanto a nivel usuario como de ingeniería. ¿En qué momento empezasteis a notar realmente ese salto de capacidad en la palma de vuestra mano? Dejad vuestra visión en los comentarios y abrimos el debate. 👇